El sueño de la historia – Jorge Edwards

Espectros

Aunque ya se trate de un texto muy citado y que seguirá provocando alusiones, es difícil resistir la tentación de transcribir un pasaje de El Sueño de la Historia, última obra de Jorge Edwards: “De una sola cosa no nos cabe duda: la presencia de Gioacchino Toesca, el romano, en el horizonte de campanarios pobretones, de murallones de adobe y techos de teja del Santiago de fines del siglo XVIII, era un enigma denso entonces y lo sigue siendo ahora, a más de 200 años de distancia. La vida chilena, la de toda esta parte del mundo, está formada, pensamos, por toda clase de aluviones enigmáticos”.
El Sueño… no es, en rigor, una novela histórica ni puede juzgarse como narración que recurre a técnicas para producir paralelismos entre distintas épocas y simultaneidades entre personajes situados frente a realidades diversas. Al trasladarse a un medio más amplio, Edwards ha debido ajustarse a una escala más exigente que el trasfondo de sus anteriores libros, en los cuales el drama personal se reducía a espacios íntimos, incluso claustrofóbicos (rasgo presente en sus novelas, desde El peso de la noche, hasta El museo de cera y El origen del mundo). Este horizonte provee al autor de una prosa nueva, compacta, cosmopolita y chilena, coloquial y lírica, adaptada a las personalidades que el friso novelesco va entregando. Si bien pudo haber escogido una forma más lineal, la riqueza temática del relato se adecua al copioso estilo creado para darle cimiento.

Una lectura detenida de El Sueño… y un análisis de sus detalles estilísticos y literarios, permiten adentrarse en el complejo y mudable mundo institucional que refleja. Ningún aspecto de ese mundo -inseguro, en permanente cambio- está más ligado al resultado novelesco que la crisis de identidad en los caracteres centrales de Toesca y el Narrador, así como los destinos trágicos o patéticos en los actores del pasado -sobre todo, Manuela Fernández- y en aquellos que sobreviven a los oscuros tiempos actuales.

No todo anda bien con quien insiste en llamarse el Narrador ni con sus familiares y amigos. Parecería que las alteraciones de registro, los saltos en el tiempo, lo hacen sentirse incómodo en su rol. Esa incertidumbre se traspasa a las personas históricas investigadas o simplemente inventadas. Inmaduro, aún adolescente, vulnerable y torturado por conflictos interiores, termina por confundirse con los espectros remotos que arrojan una luz ambigua sobre el presente.

Sin la esquizofrenia del Narrador, con la cual Edwards cuestiona el papel de sus protagonistas, no es posible ver cómo los caracteres más bien planos en nuestras novelas de hace 20 ó 30 años han alcanzado la voz profunda y matizada de fines de siglo o comienzos del actual. El autor se mueve con gran desenvoltura y brillantez en los trozos de crónica social, comentario histórico o puro relato, en tanto no es acertado cuando repite descripciones de la izquierda chilena o da interpretaciones maniqueas de ciertos personajes. Pero al responder a las demandas de la tradición, dando pasos significativos en la prosa del futuro, Edwards ha escrito una notable novela.

El género histórico parece estar en eclipse, si bien es probable que aquí dé interesantes frutos. Si la biografía de Toesca queda como un proyecto, al menos le ha servido a Edwards para escribir una de sus mejores obras. En ella, ha desarrollado su capacidad para expresar la pasión y el amor o los fracasos de las empresas humanas asociadas con ellos y, sobre todo, su poder para pintar los conflictos que crean grandes ficciones literarias.

Anexo

El sueño de la historia
Jorge Edwards. Tusquets.
Un intelectual llega desde el exilio a un país enrarecido y descubre, entre viejos libros, la historia de Toesca, engañado por su esposa en el Santiago colonial.

Jorge Edwards nació el 29 de julio de 1931 y ha escrito novelas, memorias, cuentos y artículos periodísticos. El año pasado ganó el Premio Cervantes.

C.Marks

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